Mi cuerpo fue tu nido y lo seguirá siendo aquí fuera hasta que tú quieras

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Mi cuerpo fue tu nido, tu cobijo, tu hogar temporal a lo largo de nueve meses.Mi piel fue después tu calor, tu refugio y el modo de decirte que siempre me tendrías contigo, y así será hijo mío hasta que tú lo quieras, hasta que corras más rápido que yo, hasta que un día ya no necesites mi mano para caminar a tu lado.

Estamos seguros de que más de una mamá o un papá que ahora nos lee, añora esos días en que su bebé necesitaba tanto de su cercanía. Esos meses en que nuestro pequeño “anidaba” en el regazo con su respiración susurrante, con sus tibios sollozos, con su mano diminuta cogida bien fuerte a uno de nuestros dedos.

Esos días pasan pronto, lo sabemos, casi como un suspiro, como un viento que viene y se va dejándonos su recuerdo. Sin embargo, nuestro cuerpo, nuestra cercanía, sigue siendo necesaria y esencial hasta bien pasados los 3 años,época en la que según nos explican los expertos finaliza la exterogestación o ese desarrollo extrauterino donde estrategias tan básicas como el porteo son esenciales.

En “Eres Mamá” queremos hablarte de ello, de la necesidad de seguir siendo su refugio físico más allá del embarazo, de hacer de nuestro regazo y nuestra piel una capa de protección donde sentirse seguro para crecer de forma óptima, de forma feliz.

Mi cuerpo es tu hogar, hasta que tú me digas

Los niños son sabios y saben cuáles son sus necesidades más básicas. Nuestra obligación es pues comprenderlas y gestionarlas de forma adecuada. No importa que nuestro pequeño tenga 3 o 4 años y nos pida  eso de “quiero bracito”,ese instante de mimos -a veces no son más de 5 minutos- ofrece consuelo, reconforta y le sirve al pequeño para sentirse amado y reiniciarse, volviendo después a sus juegos con total intensidad.

Somos conscientes de que a veces cuesta, que cada vez pesan más, que en ocasiones tenemos que dejar a un lado nuestras tareas para cargarlos en brazos mientras nos cuentan sus cosas, mientras buscan nuestra complicidad justo en el instante en que tenemos más prisa o más tareas que cumplir.

Sin embargo, recuerda, esos días de querer estar en brazos pasa muy pronto, así que… ¿por qué no aprovecharlos?

Átalo a tu cuerpo, llévalo a todas partes en esos primeros años de vida

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El bebé nace con un cerebro muy poco desarrollado.  Sus conexiones neuronales representan a penas el 25 por ciento de lo que podrá alcanzar en la edad adulta. Sin embargo, hay un dato que no debemos descuidar: durante los 3-4 primeros años de vida asentará su máximo potencial, casi 1.000 billones de conexiones neuronales.

Debemos aprovechar esa etapa, y para ello, nada mejor que practicar el porteo hasta que nos sea posible y sea obviamente, razonable y adecuado. Así, por ejemplo, si eres una mamá que trabaja y que no tiene otra opción más que estar separada de su bebé unas cuantas horas, no dudes en hacer lo siguiente:

  • Cuando llegues a tu casa después del trabajo coge a tu bebé en brazos y átalo a tu cuerpo.
  • Llévalo contigo a todas partes y permítele acceso libre a tus pechos.
  • Casi sin que te descuenta, tu pequeño ya no sufrirá tanta ansiedad cuando te vayas a trabajar. Podrá esperar, y al instante, cuando lo pegues a tu cuerpo seguirás favoreciendo esa exterogestación.

Mi cuerpo fue tu nido, y será siempre ese regazo donde volver cuando así lo necesites

Una vez nuestros pequeños cumplen los 6 o 7 años su vida se va llenando de más protagonistas, aparecen sus iguales, esos compañeros del cole donde compartir juegos y nuevas experiencias. El mundo se vuelve más amplio ante sus ojos y de algún modo, parece que nosotros ya no seamos tan imprescindibles.

Sin embargo, nunca derives en este tipo de pensamientos. Porque una madre o un padre siempre es esencial para su hijo. Eres sus raíces, eres la persona que siempre les orientará de corazón, quien siempre hable con ellos un lenguaje sincero y cercano, quien siempre les desee lo mejor y quien busque en cada momento darles lo mejor, un pedazo de cielo o un trozo de estrella si hiciera falta.

Por ello, no lo dudes, si desde el inicio has permitido que tu cercanía fuera siempre su hogar, que tu cuerpo fuera ese pedacito de nido donde hacer la siesta, apagar miedos o donde consolar lágrimas, seguro que cuando tengan 10, 12 o 20 años te agradezcan que durante un breve instante, los abraces muy fuerte. Solo para recordarles “que todo va a ir bien”, “que son especiales”, “que no hay problema que no tenga solución” y que “siempre serán amados”…

Fuente: https://eresmama.com

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